martes, 22 de enero de 2008

El ladrón de fotogramas. Francois Truffaut


Es muy posible que los puristas critiquen la forma en que me enamoré del cine de Truffaut. No fue con “Los 400 golpes”(1959), la película que constituye la carta de presentación del movimiento denominado como Nouvelle Vague, sin duda una joya interpretada por su actor fetiche, Jean Pierre Leaud, que por aquel entonces tenía 14 añitos. La película, al parecer autobiográfica, nos narra las andanzas de Antoine Doinel, iniciador de una saga de otros cuatro títulos que serían siempre interpretados por el mismo actor. Doinel, al que no quiere ni su madre, va dando bandazos hasta terminar en un centro de menores, del que se escapa un buen día para ver el mar.

Tampoco fue “Jules et Jim” (1962), me duele confesarlo, aunque reconozco que se trata de una gran película, con una debutante Jeanne Moreau repleta de vitalidad, y los dos amigos, uno francés y el otro austriaco, que se enamoran de ella sin perder el respeto el uno por el otro. Recuerdo la escena en la que uno de los amigos, o la propia Jeanne Moreau, le dice a Oscar Werner “por favor, siga usted observando y analizando. El mundo está muy necesitado de personas que se dediquen a observar”. Una gran frase, sin duda.

No, no fueron estas las películas que me enamoraron del cine de Truffaut. Estas las he visto más recientemente, apenas hace tres o cuatro años. Tampoco fue “El pequeño salvaje”, título que nos pusieron en una sesión matinal en el colegio, con la intención de que escribiéramos un trabajo para la clase de lengua. La mayoría de los chavales sentíamos una gran desazón al comprobar que el niño protagonista de la película, se escapaba de nuevo al bosque, a pesar de los esfuerzos del profesor, interpretado por el propio Truffaut, para civilizarle en cierto modo.

La que me fascinó, por encima de todas estas, fue una película que puede incluso pasar sin pena ni gloria por las reseñas que se hagan de la filmografía del director francés. Se trata de “La piel dura”(1976). Un film atípico, en el que los protagonistas son niños de un colegio de la ciudad francesa de Thiers, con sus vivencias, su problemas, los maltratos a los que son sometidos, sus ilusiones, sus risas, sus lágrimas, sus primeros escarceos con el amor...En la versión escrita de la película, Truffaut nos dice: “La piel dura quisiera plantear esta pregunta: ¿Por qué se olvida tan frecuentemente a los niños en las luchas que emprenden los hombres?».

Hay en esta película una escena magistral, que muestra la fisura entre el mundo de los adultos y el de los niños. La maestra cita un pasaje de "el Avaro", de Moliere. “Al ladrón, al ladrón, al asesino, al criminal”, y se lo hace repetir a uno de los alumnos más talluditos. Este recita sin nada de arte, de forma plana, sin ninguna entonación. “Al ladrón, al ladrón, al asesino, al criminal”. La maestra se enfada, y recita la frase como debe de hacerse. Le hace repetir de nuevo al alumno, y este vuelve a hacerlo en estilo monocorde, como cansado, sin ninguna gana. En ese momento llega otro profesor, y la maestra sale de la clase con el. El alumno soso le dice a sus compañeros “Os voy a demostrar como lo recitaría un buen actor”, y el muy bellaco nos regala entonces una interpretación perfecta, llena de sentimiento, con la entonación perfecta y con pasión de buen actor. El motivo para no hacerlo bien delante de su maestra, había sido simplemente no quedar en ridículo delante de sus compañeros.

En otra escena, un niño de dos años se cae desde un noveno piso y sale completamente ileso. Dos personas que han visto el suceso lo comentan más o menos así:

- Los niños están en peligro constante.
- No lo crea. Un adulto hubiera muerto en la caída, pero un niño no, porque un niño es como una roca. Tropiezan por la vida sin hacerse daño. Son inocentes, y eso les permite tener la piel dura. Son más fuertes que nosotros.

“Fahrenheit 451”(1966) también me marcó bastante. La vi en uno de los espacios de “La clave”, aquel mítico programa presentado por Jose Luis Balbín, del que nunca más se supo, y que tanta falta nos haría en estos tiempos que corren a los que hemos renegado completamente de la televisión. La película está basada en una novela de Ray Bradbury, escritor de ciencia ficción del que desde entonces me convertí en rendido admirador. El nombre de la película hace referencia a la temperatura, en grados Fahrenheit, a la que arde el papel, y nos muestra, en clave de ciencia ficción, una triste sociedad futura, dominada por la represión y la vigilancia policial continua, en la que los libros están prohibidos, hasta el punto de que existe un cuerpo de bomberos, al que pertenece el personaje interpretado por Oscar Werner, dedicado a descubrir librerías clandestinas de particulares y quemarlas, en actitud inquisitorial, a la vista de todo el mundo. Resulta impresionante la escena de la anciana que se autoinmola con sus libros, al preferir morir antes que perderlos, o la de los hombres-libro paseando en el bosque del final, aprendiéndose cada uno un libro de memoria para que la literatura no desaparezca en la negrura del olvido.

Y por último, y con el fin de no extenderme demasiado, quisiera hablar de otra gran película, de las que crean afición, de las que muestran, con gran respeto y admiración, el cine dentro del cine. “La noche americana”(1973), interpretada por el propio Truffaut, Jacqueline Bisset, Jean Pierre Leaud, Jean Pierre Aumont, Valentina Cortese y una debutante Nathalie Baye que hace el papel de script. La película es el personal homenaje de Truffaut a una forma de hacer cine que se perdió con el cierre de los grandes estudios, en este caso el de Niza, escenario en el que se habían rodado numerosos títulos de la producción francesa. Con gran respeto, el director toma las riendas del rodaje de “Os presento a Pamela”, la última película que se filmará en ese lugar. Jean Pierre Leaud interpreta el papel de Alphonse, un actor tan inmaduro como el personaje al que da vida en la película. Truffaut es Ferrand, el director de esta caótica orquesta de personajes, secundarios, cámaras, ayudantes de atrezzo, peluqueras, maquilladoras...Una vorágine, un mundo en el que se producen enamoramientos, infidelidades, disgustos, tropiezos...Todo un catálogo de emociones, en definitiva.

Jean Pierre Aumont, en una de sus mejores interpretaciones, por no decir la mejor de su carrera, borda el papel de Alexandre, un experimentado actor, caballero con clase, perfectamente vestido y todavía galán, que no causa ningún problema, sino más bien todo lo contrario, al estresado Ferrand. Siempre tiene una palabra amable para todo el mundo. Acoge en sus brazos a Severine, una eclipsada y decadente estrella interpretada por Valentina Cortese, a la que se le olvidan los diálogos y la disposición de las puertas en el escenario.

Todo se desboca cuando aparece Julie, una joven actriz interpretada por Jacqueline Bisset, para asumir el papel de Pamela, la novia de Alphonse, que en la ficción se enamora de su padre, Alexandre, y de la que, en la realidad, se enamora el propio Alphonse, a pesar de saber que está casada con un psicólogo inglés. En una de las bravatas más memorables de la historia del cine, Alphonse se niega a rodar, motivo por el que Julie se acuesta con el, en un intento de calmarle. Alphonse se toma la reacción de la chica como una declaración de amor, y no se le ocurre otra cosa mejor que telefonear al marido de Julie para decirle que se olvide de su mujer, que se ha enamorado de el. Esta es una de las múltiples historias que sazonan esta película coral, llena de anécdotas y entrañables guiños cinéfilos, como la escena en la que Truffaut nos muestra unos libros que hablan de Buñuel, Dreyer, Lubitsch, Bergman, Godard, Hitchcock, Rosellini, Howard Hawks y Bresson, sin duda un homenaje a sus directores preferidos. Otra referencia cinéfila, que aparece de vez en cuando como pesadilla recurrente de Ferrand en blanco y negro, es la formada por la sucesión de escenas en las que un niño armado con un palo que parece ser un pincho de sereno, camina por la noche en una ciudad solitaria. Es hacia el final de la película cuando descubrimos que se dirige a un cine de barrio, para robar, a través de la celosía metálica de la entrada, los fotogramas colgados en un corsho, a la antigua usanza, de una película que constituye por si misma la esencia del séptimo arte: “Ciudadano Kane”. Cuando consigue su objetivo, huye corriendo del lugar.

Al hacerse la fotografía de grupo, la mujer del encargado de atrezzo, que hasta ese momento se había mantenido en silencio, cosiendo sentada en una silla de paja como una anónima parte del paisaje, pierde los nervios y tacha a todo el equipo, sin excepción, de guarros y pervertidos.

Digna de recordar es también la confesión de Julie a su marido, que vuela desde Londres a su lado cuando recibe la estúpida llamada de Alphonse diciendo que Julie se ha enamorado de el. El psicólogo escucha con gran entereza la explicación de Julie, en el sentido de que no ha tenido más remedio que acostarse con Alphonse para salvar la película.

Una gran película, que debería ser asignatura obligada para todos los amantes, estudiantes y estudiosos del séptimo arte y que, incompresiblemente, como otras muchas películas comentadas en este blog, todavía no ha sido editada en DVD.

Hay otras muchas películas de Truffaut. Su extensa filmografía es digna de revisión, pero para mi gusto, bastan estas tres películas para elevarle a la categoría de sumo sacerdote del séptimo arte.

En esta ocasión he tenido la gran suerte de contar con dos acuarelas, una de Juan Valdivia y otra de Carmen. Muchas gracias a los dos.

viernes, 18 de enero de 2008

Reflexiones de un marxista burgués




Resultaba curioso, y ligeramente inquietante, sortear los grupos de iluminados que clamaban, en la puerta del cine, contra la película que se estaba proyectando, si es que a causa de esta se sentían ofendidos. El pulso se nos aceleraba, la sangre se agolpaba en nuestras sienes, el corazón latía desbocado al pasar al lado de los ofendidos, que no hacían nada sino gritar, pero que te miraban con un odio visceral que helaba la sangre en las venas.

Algunos nos sentíamos en cierto modo culpables, sin saber muy bien porqué. ¿Cómo se nos podía haber ocurrido ir a ver una película que socavaba las bases fundamentales del orden y de la moral, la religión y algunos de los valores más profundos de la sociedad?. No teníamos, ni de lejos, ideales políticos, ni de un signo ni de otro, aunque la reciente legalización del partido comunista, y la calma que siguió a ese suceso, nos hacía escamarnos, llegar a pensar, en un alarde de insolencia, que tal vez la izquierda no fuera el camino más directo al infierno.

Desde el patio de butacas se escuchaban las voces, que arreciaban o disminuían en función del estado de los que gritaban. De vez en cuando volvíamos la cabeza, temerosos de que una horda entrara de repente y nos sacara del cine a hostia límpia. Cuando empezó la proyección, se acallaron las voces, apagadas por la gloriosa música del gran Ennio Morricone, que acompañaba una de las presentaciones de película más hermosas que se han visto nunca, con ese cuadro de Pelizza Da Volpedo titulado “El cuarto estado”, que va creciendo al tiempo que aumenta el volumen de la música. Se trataba de “Novecento”, de Bernardo Bertolucci, conocido en todas partes como el marxista burgués. A los cinco minutos de proyección, el miedo había desaparecido para dejar su lugar a la emoción.

“Novecento” nos cuenta la historia de Olmo, interpretado por Gerard Depardieu, y Alfredo, un jovencísimo Robert de Niro, hijos respectivamente de un campesino y del patrón del mismo. Pero resultaría simplista resumir así la historia que cuenta la película. Olmo y Alfredo no son más que una parte muy pequeña de la trama. “Novecento”, la película italiana más cara de la historia, resume nada menos que cuarenta y cinco años de vida, desde 1901 hasta 1945, fecha en la que sucumbe el fascismo en Italia. Bertolucci no trata de hacer historia, sino de crear un mito que se pueda transmitir de generación en generación. Los fascistas son malísimos, como en todas las películas del director, y los trabajadores unos benditos. El abuelo de Alfredo, el gran Burt Lancaster, se suicida cuando interpreta que su mundo se ha acabado, que la soterrada ética existente hasta ese momento entre patrón y trabajadores toca a su fin, tanto por la ambición desmesurada de los primeros como por el inconformismo de los segundos. Se suicida, también, porque al contemplar un baile de campesinas, comprueba, entristecido, que ya no se le levanta, pero bueno, si queremos encontrarle un sentido más poético a su muerte, podemos quedarnos con la primera explicación.

Los personajes de “Novecento” no parecen personajes, sino estamentos. Attila, el fascista, interpretado por un Donald Sutherland al principio medio imbécil, que abraza la doctrina por lo que tiene de poder. Giovanni, el terrateniente, un ser tan ambicioso que monta una farsa terrible para quedarse con las tierras que en realidad le correspondían a su hermano. Leo, el abuelo de Olmo, interpretado por Sterling Hayden, el bracero al servicio de Alfredo, íntegro, fuerte, sensato y luchador, que representa el poder del trabajador. Ada, la mujer de Alfredo, frívola y feliz, Anita la hija de Olmo, la maestra comprometida y solidaria...Todo un kaleidoscopio de personalidades muy bien definidas, sin matices, sin fisuras en su forma de pensar, en un entorno bastante maniqueo, de malos malísimos y buenos empalagosos, excepto en la parte que narra las vivencias de los dos abuelos, que parecen ser los únicos que se respetan mutuamente y saben a ciencia cierta que no pueden vivir el uno sin el otro. Una gran película, llena de escenas memorables, y de un erotismo que hoy podría parecer desfasado, pero muy atrevido en aquella época. Recuerdo todavía con nitidez la escena del acordeonista que se aleja, cuando el tren que se lleva a Olmo ha partido, mientras interpreta la Internacional.

“El conformista”, interpretada por Jean Luis Trintignant, Stefanía Sandrelli y Dominique Sanda, nos cuenta la historia de un individuo con un gran complejo, que se niega a asumir su homosexualidad y que se afilia al partido fascista italiano. De nuevo demoniza Bertolucci a sus fascistas, a través de un personaje psicológicamente en el límite de la locura. Un personaje al que otro le dice, en una frase para la posteridad, “todos quieren ser diferentes y tu quieres ser igual a los demás”. Una película de una crudeza extrema, brutal, pero que no por ello deja de ser una auténtica obra de arte.

Con “El último emperador”, Bertolucci vuelve a manejar astronómicos presupuestos de superproducción para tejer sus historias. Narra la historia autobiográfica de Pu yi, interpretado por un entonces casi desconocido John Lone, el último emperador de China, y fue la primera vez, y creo que la única, que las autoridades chinas permitieron rodar en el interior de la ciudad prohibida de Pequín. Un dramático personaje, que vivió en primera persona los vaivenes políticos de su país, con la llegada de la república, que le obligó a permanecer encerrado en su jaula de oro, un breve periodo de esplendor cuando los japoneses le colocaron como emperador títere de la ocupada Manchuria, y la posterior llegada del comunismo, que le encerró durante un largo periodo de tiempo para que alejara de su mente cualquier pensamiento capitalista. Una película colorista y magnífica, con una cuidad fotografía y llena de los grandes movimientos de masas de los que tanto le gustaban al director. Se dice que en algunas escenas llegaron a participar hasta 19.000 estras. Como no podía ser de otra manera, la película acaparó nueve oscars de la academia en 1987. Una de las imágenes que más me vienen a la cabeza de este film, es la del ojo del cuidador de Pu Yi en la cárcel, asomándose a un agujero de la puerta de madera para vigilarle.

En 1990 rodó Bertolucci “El cielo protector”, basada en una novela del mismo título de Paul Bowles, que aparece incluso, en persona, en la última escena de la película. Siento un especial cariño por esta película, que narra el viaje existencial de una pareja, formada por John Malkovich y Debra Winger. La apatía y frivolidad que preside las relaciones de un matrimonio, que trata de encontrar un sentido a su existencia, se troca magistralmente en fascinación, soledad y lucha por la vida cuando muere el Malkovich y su esposa se embarca, en un estado de semiinconsciencia, en un extraño viaje a través del desierto, dejándose llevar por las circunstancias y visiblemente traumatizada por la experiencia que ha vivido al ver morir a su marido. El escenario de la transformación, un semi ruinoso fortín francés situado en medio de la nada, rodeado de la inalcanzable inmensidad del desierto. Siempre me ha fascinado Debra Winger, pero reconozco que esa fascinación me viene precisamente de esta película. Resultan tan asequibles sus reacciones, su debilidad, su indefensión ante los acontecimientos...Una película que pasó casi sin pena ni gloria por los cines de España. Una película que yo me empeñaba en defender ante mis amigos, mientras ellos despotricaban contra ella tachándola de aburrida y pretenciosa.

Una banda sonora fascinante, que mezcla composiciones de Ryuichi Sakamoto, esa especie de músico polivalente, con fascinantes melodías nativas de Marruecos, tan sugerentes que, si te dejas llevar por ellas, por ese ritmo que se te mete en el cerebro, es imposible que no muevas las piernas al compás del paroxismo que muestran varias escenas. John Malkovich, en su estado enfebrecido, suelta el dinero sin medida para que los músicos africanos toquen para el sus instrumentos. Valga una frase que se dice en la película, un aforismo de Kafka que utilizó Bowles en la novela: “A partir de cierto punto, no hay retorno posible. Ese es el punto al que hay que llegar”.

Y la última mención a este gran director es para “El pequeño Buda”, otra demostración de lo bien que se mueve Bertolucci manejando amplios presupuestos y gran número de extras. Protagonizada por Keanu Reeves y Bridget Fonda, se rodó en escenarios naturales y palacios de Nepal. No fue muy mimada precisamente por la crítica, pero no se le puede negar su bella factura, una inmejorable fotografía y una excelente banda sonora, parida de nuevo por el sin par Ryuichi Sakamoto, elevado por méritos propios a la categoría de Nino Rota particular del director italiano. Carmen, que nos honra de vez en cuando con algunas de las acuarelas que presiden estos artículos (de hecho, la de hoy es suya), ha tenido la inmensa suerte de viajar a Nepal, hecho por la cual la envidio profundamente, y a pesar de que la pincho continuamente para que me regale una colaboración literaria en la que nos cuente su experiencia, no hay manera. Carmen, gran admiradora de Bertolucci, piensa que “El pequeño Buda” supuso un giro de Bertolucci hacia el misticismo, cambiando el puño en alto y la política por otra forma de interpretar un mundo que no se entiende desde otra perspectiva, la de la mística. Al parecer, Bertolucci ha hecho mención en alguna ocasión a esta circunstancia, y la película, según nos dice también Carmen, está llena de referencias y símbolos que no se escapan a los que están en esa onda.

Un director de cine con mayúsculas, en definitiva.

martes, 15 de enero de 2008

La búsqueda de la perfección


Corría el año 1978, más o menos a finales del verano. Yo tenía diecisiete años recién cumplidos. Fui con un amigo, o un primo, no recuerdo. Un domingo por la mañana, en un pase especial organizado por el cine Excelsior, una gran sala situada en el centro de la Avenida de la Albufera, desaparecida hace ya bastantes años para alojar diferentes negocios, entre ellos un bingo, un garaje y un supermercado. Posiblemente lo que ocurrió aquella mañana contribuyera a acelerar su ruina.

Anunciaban la película como la antecesora de “La Guerra de las Galaxias”, o algo así. El cine estaba lleno de chavales pequeños, disfrazados de Darth Vader y de Luke Skywalker, emocionados y deseosos de ver a alguien parecido a Chewbaca repartiendo ladridos y puñetazos. El griterío era espectacular cuando comenzaron los títulos de crédito. Un griterío que se fue apagando, progresivamente, hasta convertirse, allá por los veinte minutos, en una interminable sucesión de bufidos, bostezos y murmullos de aburrimiento. A la media hora comenzó a salir gente del cine, y cuando llegó la posiblemente más extraña y enigmática escena de la historia del cine, la del final, solo unos cuantos incondicionales permanecíamos sentados en nuestras butacas. Lo habéis adivinado. Se trataba de “2001, una odisea en el espacio”(1968). Cuando salimos, todavía alucinados por lo que acabábamos de ver, grupos de niños lloraban mientras sus padres sujetaban las espadas láser de plástico que se habían llevado para disfrutar de la película. Recuerdo que pasé bastantes años con ganas de patrocinar una suscripción popular, destinada a erigirle un monumento al crack del marketing que tuvo la genial idea de anunciar la película de Kubrick como la antecesora de “La guerra de las galaxias”.

“2001” debió de ser una de las primeras películas de Kubrick que se pudo ver en España. Si acaso Espartaco, mutilada por la censura, y que no daba una imagen correcta del genial talento del director, debido sobre todo a que Kirk Douglas, el productor, había impuesto su criterio a la hora de realizarla. “2001” supuso una revolución en el cine de Ciencia ficción. Era la primera vez que se veían efectos especiales, tan innovadores en aquella época que ganaron un óscar, pero tímidos antepasados si se los compara con los actuales. También era la primera vez, cuando los ordenadores aún no existían a nivel de uso doméstico, en que se elegía como protagonista a HAL9000, un perverso ordenador que hacía y deshacía, dueño de una voz tan sugerente como la de Hannibal Lecter. HAL se llama así porque IBM se desmarcó del proyecto debido a que la película le hacía un flaco favor al mundo informático, y Kubrick decidió nombrar a su criatura cambiando las tres letras de la marca mundial (IBM) por las letras anteriores a cada una de ellas (HAL). La historia se basaba en un relato corto de Arthur C. Clarke, “El centinela”. El mismo autor participó en el guión conjuntamente con Kubrick, al tiempo que aprovechaba para ampliar el relato y convertirlo en novela. Hacia la mitad del asunto se cansó del maniático Kubrick, y abandonó el proyecto con la misma celeridad con la que lo había hecho IBM.

No se pueden describir con palabras las sensaciones que provoca “2001”. La banda sonora, que abarca desde obras de Strauss hasta la extraña música de Ligeti que acompaña las apariciones del famoso monolito, contribuye también a crear una densa atmósfera cargada de sugerencias inquietantes.

A continuación de “2001” se estrenó en España “La naranja mecánica”(1971), una excelente adaptación de la casi ilegible novela de Anthony Burgess, en la que se contaba la historia de cuatro amigos de buena familia, en un indefinido futuro inglés, que se dedican a joder al prójimo en cuanto se les presenta la ocasión, y del bestial tratamiento al que es sometido uno de ellos, obsesionado por el sexo y por Beethoven, para extirparle de raíz su violenta naturaleza. Memorables los decorados, con tendencia entre futurista y pop art, y la soberbia actuación de Malcolm McDowell, un actor que jamás consiguió llegar después a la altura del personaje que había interpretado en esta película. Y a partir de ahora, os ruego que os fijéis con atención en la fecha que coloco al lado de cada película, que es la de su realización, y que casi nunca coincide con la de su estreno en España, ya que Kubrick era uno de los directores condenados no solo ya por la censura española, sino por la mundial.

Si tuviera que comentar una escena de “La naranja mecánica”, elegiría sin duda el documental de Hitler que le colocan al pobre muchacho, que no puede cerrar los ojos a causa de un artilugio que le han encasquetado, acompañado de la singularísima música de Walter Carlos, el malogrado compositor que interpretaba a los clásicos con un sintetizador. A destacar también la actuación en el escenario, destinada a mostrar los efectos de la terapia.

Si aceptáis un humilde consejo, y queréis revisar esta joya, os recomiendo encarecidamente, aunque no suelo ser muy partidario con otros títulos, que veáis la versión original en inglés, ya que el equipo de doblaje de esta y de “El resplandor”, lo dirigió un iluminado, famosillo o famosete por aquel entonces, que se cargó dicho doblaje, directamente y sin pestañear.

Ya había realizado Kubrick incursiones en el cine de ciencia ficción con “2001” y “La naranja mecánica”, y en el erótico-psicológico, el militar y el cómico-político con “Lolita(1962)”, “Senderos de gloria”(1957) y “Dr Strangelove”(1964), respectivamente, aunque en España, a causa de nuestra bendita censura, todavía no habíamos tenido noticias de estas tres últimas, que habían sido realizadas antes que las dos comentadas hasta ahora. No recuerdo cual de las tres se estrenó primero. Creo que fue “Dr Strangelove”, “Teléfono rojo, volamos hacia Moscú” en castellano y un larguísimo subtítulo en la versión inglesa. Nadie se había atrevido, hasta entonces, a tomarse a chirigota un tema tan serio y tenebroso como la guerra fría. ¿recordáis el asunto?. Un venado piloto de bombardero americano se dirige a Rusia con la intención de soltarles una bomba nuclear. Peter Sellers interpretaba varios tres, entre los que destacaba el del Dr Strangelove propiamente dicho, un extraño tipo mitad humano mitad robot anclado a una silla de ruedas. El cruce de conversaciones entre rusos y americanos, en un vano intento de evitar la tragedia, no tiene desperdicio.

Creo que fue “Senderos de gloria” la siguiente, protagonizada y producida por Kirk Douglas. La película es un duro alegato pacifista y antimilitarista, y narra la ejecución de tres soldados, elegidos aleatoriamente y acusados de cobardía, después de un nefasto ataque desde las trincheras francesas a las alemanas. Al parecer se basó en un hecho real, acaecido en la Primera Guerra Mundial, y refleja de una manera perfecta el contraste entre la tropa, sucia, triste e indefensa en sus trincheras, y el alto mando militar, poderoso, soberbio y seguro en su castillo. Un mando militar que no solo antepone el supuesto honor militar a la muerte de los soldados a su cargo, sino que no duda un momento cuando cree que tiene que aplicar un castigo ejemplar. Los diálogos entre el alto mando, impregnados de un profundo desprecio a la especie humana inferior, provocan la ira de cualquiera que los escuche. Tan duro resultó el ataque, que la película estuvo prohibida en Francia y en España durante bastantes años.

“Lolita”, protagonizada por Sue Lyon y James Mason, está basada en la novela de Vladimir Nabokov, que también participó en el guión. Trata de la obsesión de Humbert Humbert por la lasciva Lolita, la hija casi adolescente de la mujer con la que se casa. La película levantó polvaredas en los círculos católicos de todo el mundo por su carga de erotismo contenida y sus planteamientos trangresores. Una faceta que acompañaría a Kubrick a lo largo de toda su carrera.

Y fue entonces cuando el bueno de Kubrick decidió realizar una incursión en el género histórico, y rodó “Barry Lyndon”(1975), una maravilla perfectamente ambientada, inspirada en cuadros del siglo XVIII, con grandes movimientos de masas, espectaculares escenas militares y una soberbia banda sonora integrada por piezas de la época (la música que estás escuchando, si no la has apagado todavía, es de esta película). Un contenido Ryan O´Neal, y la siempre elegante Marisa Berenson llenan la pantalla con su fuerte personalidad y su buen hacer como actores.

Llegó después “El resplandor”(1980), cuyo solo comienzo ya debería pasar de por si solo a los anales de la historia del cine, con esa toma de helicóptero mientras la “Sinfonía fantástica” de Berlioz agita nuestros sentidos. ¿Qué decir de la toma del triciclo corriendo por el pasillo del solitario hotel, o de las tomas con Steady Cam, un invento que se marcó el amigo Kubrick para esta película y que tan popular se hizo posteriormente?. ¿Qué decir de las magistrales actuaciones de Jack Nicholson y Shelley Duval, empañadas en España únicamente por el ridículo doblaje que se hizo de sus voces (hay que joderse, la Verónica Forqué doblando a la esposa de Jack Nicholson)?. La opresiva sensación de soledad que provoca el hotel vacío, que al final desemboca en tragedia, adquiere gracias a Kubrick una dimensión de terror “in crescendo” que muy pocos directores han conseguido. Se pasa de la normalidad a la locura sin apenas enterarnos, con sutiles cambios en la personalidad de los protagonistas, que no parecen apenas afectados hasta el momento en que los hechos se precipitan.

Vuelve Kubrick en 1987, espaciando cada vez más su aparición en las pantallas, a mostrarnos de nuevo su vena antimilitarista y pacifista con “La chaqueta metálica”, un alegato contra la despersonalización del individuo al objeto de conseguir máquinas de matar. La película, dividida en dos capítulos bien diferenciados, muestra en el primero la brutalidad psicológica a la que son sometidos los reclutas (¿quién no ha sufrido con el pobre “soldado patoso”?) y la crudeza de la guerra de Vietnam en el segundo. Se rodó íntegramente en Inglaterra, en contra de lo que se podría pensar ante los cuidados escenarios que muestra.

Y la última, “Eyes Wide Shut”(1999), con Nicole Kidman y Tom Cruise cuando todavía compartían vidas. Los malpensados dicen que se separaron por culpa de Kubrick, que los atosigaba con interminables tomas y que incluso los persiguió durante una larga temporada, una vez finalizada la película, para rodar nuevas escenas. La película supone una incursión en el tema de relaciones de pareja con un alto componente de inquietante sexualidad, y muestra prácticas relacionadas con entornos privados de alta graduación, tanto económica como vital.

Por si alguien se ha liado con las fechas de realización y su estreno en España, que nada tiene que ver, repito la lista en orden de aparición:

- Senderos de gloria (1957)
- Espartaco (1960)
- Lolita (1962)
- Teléfono rojo. ¿Volamos hacia Moscú?(1964)
- 2001, una odisea en el espacio (1968)
- Barry Lyndon (1975)
- El resplandor (1980)
- La chaqueta metálica (1987)
- Eyes wide shut (1999)

De “Espartaco” he hablado poco, porque Kubrick tuvo muy poco que ver ese título. Entró a sustituir a Anthony Mann, contratado por Kirk Douglas, y poco más. Ni siquiera el guión era suyo, sino de Dalton Trumbo, uno de los represaliados por el Macartismo, asunto del que posiblemente hable en una próxima entrada.

Y de nuevo, Juan Valdivia nos muestra su arte con la acuarela que preside esta entrada. Muchas gracias, Juan.


Stanley Kubrick, un genio especial, maniático para unos, excesivamente perfeccionista para otros, pero en cualquier caso, un director cuyas aportaciones reafirman la categoría de séptimo arte que ha alcanzado el cine.

viernes, 11 de enero de 2008

El fabricante de sueños




Charo, amiga, disculpa por haber cambiado, aunque sea transitoriamente, la música que le pusiste a mi blog, pero es que la entrada lo requiere.

Podrían citarse varias razones para odiar, aunque sea cordialmente, a Silvio Berlusconi. Una de ellas podría ser su aspecto, siempre perfectamente trajeado, de latin-lover en decadencia, con ese pelito tipo Mario Conde, repeinado y pegado al cráneo. Otra, sin duda, mezclada también con una buena dosis de envidia, podrían ser las mujeres de las que se rodea, a cual más espectacular. Podría odiársele también por su filosofía televisiva (a mi no hay quien me quite de la cabeza que las Mamachicho son las grandes y primeras culpables de la bazofia en la que ha acabado convirtiéndose la televisión en este país), por su forma semi ilegal de llevar los negocios, por ese estar siempre rozando los límites de la transparencia política, por su marcada tendencia hacia la más retrógrada, cerrada y arcaica ideología medio fascista italiana...

Yo, sin embargo, le odio, y de una manera ciertamente nada cordial, por haber permitido la publicación en primera plana, en uno de los periódicos de su imperio, de aquella famosa y tristísima fotografía del gran Fellini en su lecho de muerte, allá por el año 1993 (Dios mío, más de veinte años han pasado ya...).

Es difícil expresar lo que representan las películas de Fellini para cualquiera al que le guste soñar. Imágenes fascinantes, coloristas... Historias que rozan el surrealismo...Sueños, en definitiva, plasmados en celuloide por un maestro de la imaginación.

Sus primeras películas trataron de acercarse al neorrealismo imperante en la época. Resultaba difícil ser considerado un artista si no se adoptaba la forma de hacer de Cinecittá. A pesar de eso, ya se detecta en todos ellos (“El jeque blanco”, “Los inútiles”, “Almas sin conciencia”) una personal manera de realizar, de contar la historia. Lejos estaban todavía los delirios oníricos de sus películas posteriores, pero ya se dejaba ver una perfecta ironía, un reírse de lo tradicional, de lo considerado como respetable en aquella sociedad, filosofía que no le abandonaría en ningún momento a lo largo de toda su carrera. Se podrían citar, como muestras de esto, las memorables interpretaciones, posiblemente las mejores de toda su carrera, de Alberto Sordi, como Fernando Rivoli en “El jeque Blanco”, y como Alberto en “Los inútiles”.

Resulta inolvidable, en la primera, su primer encuentro, subido en aquel larguísimo columpio, con Wanda, la muchacha provinciana interpretada por Brunella Bovo, tan perdidamente enamorada de su héroe de fotonovela, que corre a buscarle en plena luna de miel. Inolvidable resulta también su actuación de calzonazos, marido temeroso de una esposa que le exige a gritos explicaciones sobre la estrafalaria actitud de conquistador que ha exhibido hasta el momento ante Wanda. De la segunda, destacar su logradísima inutilidad, llevada al paroxismo cuando recibe la paliza de los albañiles de la carretera, o cuando llora como un niño a causa de su hermana. Ya en “El jeque blanco” aparece, en el papel de prostituta, la incomparable y expresiva Giulietta Massina, la mujer de su vida, hasta el punto de que murió muy poco después de que lo hiciera Fellini.

¿Y que decir de “La Strada”, dirigida por Fellini en 1954?. Una auténtica joya cinematográfica, con un guión redondo, perfecto, una fotografía incomparable, la monumental música de Nino Rota, del que hablaré más adelante, y esa logradísima y única atmósfera mezcla de cruda realidad y fantasía que baña la pantalla desde el principio hasta el final. Recuerdo una entrevista que le hicieron a Anthony Quinn en un programa de televisión, hacia el final de su carrera. El presentador le pidió que le hablara de algún momento importante de su vida. Anthony Quinn contó lo siguiente: “Estaba en la cima de mi fama. Había rodado títulos tan conocidos como “el mundo en sus manos”, “Viva Zapata” o “La isla de los corsarios”. A mi camerino vino a verme un hombre alto, bastante rudo. Me dijo que casi no tenía dinero para pagarme, pero que quería que leyera su guión. Aquel hombre era Federico Fellini, y La Strada era su película”.

“Amarcord”, otro fascinante título, de nuevo con una espectacular puesta en escena, en esta ocasión en color. Fellini nos muestra sus recuerdos de infancia en Rímini, en un caleidoscopio inagotable de vivencias y anécdotas, que despiertan en el espectador sus propios sueños infantiles. Un entrañable maestro, que trata de darle a su relato una pátina de respetabilidad, continuamente bombardeada por las gamberradas de un jovencísimo Alvaro Vitali y compañía, se convierte en el improvisado cicerone de este viaje a los recuerdos. A destacar, sin duda, la majestuosidad del pavo real en la nieve, y también el paso del trasatlántico entre las barquichuelas.

“8 y ½”, según los críticos una especie de autobiografía cinematográfica, sazonada también con los elementos surrealistas que acompañarían todas sus producciones. “Casanova”, la particular versión del mito compuesta por un genio. “Roma”, con el inolvidable pase de modelos de trajes eclesiásticos “in crescendo”, amenizado por el fiel Nino Rota...

No soy capaz de concebir el cine de Fellini sin la música de Nino Rota. A veces me parece increíble, escuchando esa música, que de un cerebro humano pueda surgir tan sugerente mezcla de notas. El genio de Nino Rota, más conocido sin duda por haber compuesto la música de “El padrino”, que por su inmortal colaboración con el genio de Fellini, iguala, e incluso supera en muchas ocasiones, al de su compatriota y para muchos rival, Ennio Morricone, de música más sencilla de digerir, más pegadiza, más orquestal incluso...Pero mucho menos fascinante. Las extrañas melodías del “Casanova”, inencontrables en disco, cinta de casette o cd, estuvieron grabadas durante mucho tiempo, después de ver la película, en mi cerebro. La música de “La Strada”, “8 y ½” o “Amarcord”, merecería trascender la mera catalogación de banda sonora, y ser recordada durante toda la eternidad como pieza clave de la música universal, con mayúsculas. Rota, que acompañó al maestro desde “El jeque blanco”, compuso la banda sonora de otras películas bastante famosas, tales como “En el nombre del padre”, “Muerte en el Nilo”, “Guerra y paz”, “El gatopardo” y “A pleno sol”, por nombrar unas cuantas. Murió en el 79. Sus continuadores con Fellini, en títulos como “Y la nave va” o “Ginger y Fred”, se vieron obligados, sin conseguirlo, a tratar de imitar el personal estilo del compositor.

Existe abundante y muy interesante bibliografía sobre Fellini. La biografía que escribió John Baxter en 1993, publicada por Ediciones B, la de Chris Wiegand para Taschen, con un exhaustivo recorrido por su filmografía... Personalmente, la semblanza que más me cautivó fue la que escribió Vilallonga, que viajó a Roma en 1963 para hacer un reportaje sobre Fellini, que acababa de rodar “8 y ½”, y al parecer se hicieron tan amigos, que el maestro le ofreció un papel en “Giulietta de los espíritus”, junto a la sin par Giulietta Massina. Vilallonga escribe lo siguiente en la presentación de su libro: “tuve, entonces, el honor y la dicha de escuchar, durante horas, al único auténtico genio que he conocido en mi vida”. En el interior, Fellini le jura y perjura que es incapaz de inventar, que lo único que sabe hacer es interpretar sus propios recuerdos con más o menos acierto. La visión que nos muestra Vilallonga del genio, es la de un individuo travieso, irónico, mentirosillo, infiel a su mujer, la Massina, que al parecer estaba completamente al día de las correrías de su acompañante. Una especie de niño grande que no estaba dispuesto a madurar, y con una gran facilidad de medios, en aquel momento, para trasladar a la gran pantalla su inagotable universo imaginativo. Se trata de un libro corto, directo, fascinante, con mucho diálogo, que se lee prácticamente de una sentada. Os lo recomiendo.

Sin duda entenderéis, después de haber leído esta entrada, la causa de mi animadversión hacia un personaje de la catadura de Berlusconi.


La magnífica acuarela que preside esta entrada es de Juan Valdivia, un estupendo acuarelista y mejor persona, amigo y compañero de pintura de Carmen, la que dibujó a Woody Allen. Es un verdadero honor para este blog contar con la colaboración de estos artistas.

martes, 8 de enero de 2008

El terror según Pons




Andrés Pons ha publicado en Lulu un verdadero tratado sobre el cine de terror de todos los tiempos. Tanto sus artículos como las críticas o incluso las entrevistas que hace a afamados representantes del género, despertarán la fascinación de los lectores, tanto si son aficionados al género como si no. Este es el enlace para comprar o descargar su libro en la página de Lulú:


http://stores.lulu.com/andres_ponses


Con un gran respeto hacia las películas, pero también en ocasiones con un peculiar sentido del humor, Pons transmite de manera cordial y muy amena su entusiasmo por los distintos aspectos del cine de terror. Resulta casi imposible terminar y no encender a toda prisa el vídeo o el dvd para visionar cualquiera de las películas comentadas. Inolvidable su artículo “los tópicos del cine de terror”, que probablemente se podría considerar como un decálogo de lo que no hay que hacer para acabar asesinado.

Un libro imaginativo, original y que pone de manifiesto la pasión y el respeto del autor por un género no precisamente de los más populares.


ENTREVISTA

FJ: De sus críticas de películas se desprende que es usted un gran aficionado, pero también exigente. Se ven pocos dieces. El primero, en concreto, para “La angustia del miedo”. ¿Qué representa esa película para usted?.

AP:Evidentemente en el cine de terror existen muchas obras maestras merecedoras del diez. Desde las joyas de la productora HAMMER hasta el expresionismo alemán con Nosferatu por ejemplo. Pasando por el terror de los 70 y 80, con la matanza de Texas, Posesión Infernal, La noche de HALLOWEEN, La mosca “Versión CRONEMBERG” y un largo etc………

¿Qué pasa? Pues que esos clásicos son realmente muy conocidos para la mayoría de aficionados, en cualquier libro se habla de ellos y yo busque filmes menos conocidos, de ellos pocos llegan a ser obras de arte pero si que les encuentro a cada uno de ellos un encanto especial y salir un poco de nombrar los de siempre.

La angustia del miedo es una obra de arte realizada de forma casi amateur con estilo documental y en tiempo real se nos narra una serie de asesinatos que te congelan la sangre. Un autentico festival de verdadero horror en una de las radiografías echas sobre la maldad más impactantes jamás realizadas. No es para estómagos sensibles.


FJ: ¿Ha llegado a ver todas las películas que comenta?. Parece increíble. La labor de búsqueda debe de resultar ciertamente titánica. ¿Cuál es el mecanismo que utiliza para encontrar títulos absolutamente olvidados?. ¿En qué formato suele visionar las películas?.

AP: Pues es titánica y realmente agotadora, muchas se consiguen vía E-MULE, otras mediante contactos e intercambios, estando atentos a canales especializados “Tipo DARK” y patearse video-CLUBS. Los formato como puede figurarse de todo tipo. “VHS, DVD, DIVX.”.

FJ: ¿Qué tamaño tiene aproximadamente su videoteca?. ¿De cuantos títulos está compuesta?.

AP: BUFFFFFFFFFFF, Está compuesta por cientos de Títulos y todavía me parece corta, tengo un trastero lleno de filmes que ni recuerdo. Son muchos años coleccionando.

FJ: ¿Le gusta algún otro género cinematográfico aparte del terror?. En su libro hace referencia de pasada a Peter Weir y a una película de SC, “Cuando el destino nos alcance”, considerado por bastantes aficionados a este género como una película de culto. ¿Le gusta esta película?.

AP: Me gusta todo tipo de cine y directores, filmes como la saga del padrino, Apocalipsis now, Centauros del desierto me tienen enamorado. PETER WEIR es uno de los directores actuales que más aprecio. Este hombre pasa por todos los géneros dejando siempre su impronta de gran calidad. Único testigo, Master and comander, El show de truman en su etapa americana. Pero cuando empezó su carrera fue uno de los grandes protagonistas del terror ciencia ficción, THE PLUMBER o PICNICK AT HANGING ROCK demostraron su enorme eficacia. Me encanta cuando el destino nos alcance, uno de estos filmes visionarios que si lo ves hoy en día se comprueba que nuestra sociedad poco a poco llega a lo que nos cuenta esta película.

FJ: En varias ocasiones hace referencia a los foros existentes sobre el género. Me gustaría que nombrara alguno de los más interesantes a su juicio.

AP: En realidad ABANDOMOVIEZ o Cine Fantástico fueron foros de gran calidad donde conseguí grandes conocimientos charlando con mucha gente sobre el tema. Hoy en día es difícil, los foros se encuentran muy muertos y se comenta siempre los mismos filmes, supongo que el tiempo lo destruye todo y la gente se termina cansando de estos foros. Con todo pasa.

FJ: Es normal que a los aficionados al terror nos tilden, cuando menos, de raros o enfermizos. En su caso, en un lugar del libro, comenta casi de pasada, pero con gran sentimiento, que su afición le viene de familia. Me gustaría que me contara algo más de las raíces de su afición, de esos vídeos polvorientos que le mostraba su padre.

AP: Existen muchas clases de aficionados, muchos se creen que adoran el terror cuando solo vieron los otros, el sexto sentido o saw. Filmes de consumo fácil y comercial, si les hablas algo fuera de los canones más evidentes ya no les interesa. Los raritos somos aquellos que buscan un film descatalogado italiano de los 70, un GIALLO perdido en algún polvoriento lugar que ni en su estreno fue reconocido. ¿Enfermizos? Bueno todo es opinable, yo considero más enfermizo que triunfen las comedias de JULIA ROBERTS o el cine tan absurdo de gente como los FARRELLY.

Con mi padre disfrutamos de grandes maratones de cine de serie b, con el alquilaba filmes como House “Una casa alucinante” Toda la saga de viernes trece, Suspiria, y después yo seguí haciendo honor a su pasión buscando y buscando. Mi padre que en paz descanse fue un hombre maravilloso y un gran aficionado al género.

FJ: En el terreno de la literatura, ¿cuáles son sus escritores de terror preferidos?.

AP: EDGAR ALLAN POE, CLIVE BAKER, STEPHEN KING……………ETC.

FJ: ¿le gusta el cómic de terror?. ¿Cuáles son sus referencias en este campo?.

AP: No siento admiración por los comics es un género que nunca me llamo la atención.

FJ: ¿Qué es lo que más le puede hacer repudiar por completo una película?. ¿Y lo que más valora?.

AP: Lo que menos me gusta es que se gasten una millonada en realizar un filme totalmente prescindible solo por amor al negocio. Valoro directores que con gran esfuerzo sacaron sus pobres proyectos adelante dándoles una frescura inédita en las grandes superproducciones. Por ejemplo hace poco vi. WOLF CREEK y consiguió sorprenderme por su dureza y enfermedad en toda la parte final.


FJ: Su definición de lo que es el culto me parece simplemente magnífica. ¿Alguna sugerencia de lo que tendría que tener una película para que, con el tiempo, pudiera considerarse de culto?.

AP: Se tienen que dar muchos casos, muchas películas no las ve ni el gato del director en su estreno, después entra el mercado del DVD, o los foros donde el boca a boca empieza a circular de unos a otros. Con el tiempo se les suele hacer justicia.

Le puedo poner ejemplos como DONNIE DARKO que en su momento paso desapercibida y en la actualidad disfruta de un gran status.

FJ: ¿No ha pensado alguna vez ponerse tras la cámara?.

AP: Lo pensé y me puse tras ella, incluso casi término Diario de un director un film de terror extremo basado en un relato corto que escribí hace ya tiempo. ¿Qué paso? Pues lo de siempre en estos productos, los actores tienen sus trabajos y se cansan, te terminan dejando, como es de mi propio bolsillo el dinero se extingue y la tengo a medias.

Espero algún día encontrar a gente que de verdad se comprometa y podamos realizar algo potable. Realmente no quiero dirigir de cualquier manera. Me daría vergüenza firmar algo tan malo como DEADHUNTERS y presumir de ello. Si decido ponerme tras una cámara es para hacer un trabajo digno. Amo demasiado el género para insultarlo con cortos mal hechos simplemente para echarme unas risas.

FJ: Háblenos de sus próximos proyectos.

AP: Pues en lo próximo entra nuestra amiga común y gran escritora lidia Cervantes con la que estamos desarrollando una serie de relatos cortos de terror en un libro conjunto.

FJ: Conocemos la existencia de su novela “El club”. ¿Ha pensado publicarla en Lulu para que pueda llegar a más público.

AP: Evidentemente lo pensé pero tengo contrato con una editorial y no puedo publicar alegremente donde quiera. En el futuro me propusieron una segunda parte del club pero no me apetece volver a lo mismo. Cuando termine mi vinculación con dicha editorial puede ser que la mueva por LULU o por otros lugares.

FJ: ¿Tiene más escritos no publicados?.

AP: Si. Caníbales la publique en su momento pero decidí realizar una versión más larga por lo tanto veremos que pasa. Después tengo libros de relatos cortos como por ejemplo “Directores del mal” o “Los límites del dolor”.

FJ: Gracias por su tiempo y por su libro. Le deseamos suerte con el mismo, y que su blog personal siga tan vivo e interesante como hasta ahora.

AP: Gracias a ti y te deseo todo el éxito con tu novela que ya sabes que me encanto.

viernes, 4 de enero de 2008

Sueños de un clarinetista




¿Cuando dejó de interesarme de verdad el cine de Woody Allen, que pasó de ser un icono para mi, a uno más de la lista de directores americanos del montón?. ¿Cuando comencé a transformar mi veneración en simple curiosidad, en ese "veo esta película si no hay nada mejor"?.



Creo que el desencuentro data más o menos del año 1987, cuando se estrenó en España "Días de radio", y se produjo ante la desilusión que me causó el hecho de que la primera escena del film de Woody Allen relatara, casi al pie de la letra, la misma historia que una antigua película española, "Historias de la radio", que se parecía de antemano desde el mismo título. Se trata de la historia de un ladrón, que en ese momento está robando una casa, y contesta cuando llama por teléfono el presentador de un concurso radiofónico, con tan mala suerte que el ladrón, interpretado en la película española por un jovencísimo Angel de Andrés, conoce la respuesta a la pregunta que le formula el otro. La misma historia, en el mismo orden, rodada con más medios pero con el mismo argumento. No pude evitar la decepción que me había causado uno de mis directores hasta aquel momento favoritos.


Después de esta película vino la época de "Alice", "Otra mujer", "Escenas en una galería"... Títulos que parecían haber sido rodados por alguien muy diferente. A veces he sospechado incluso que Allen pudo tener negros que rodaran por el... No sé como describirlo. Una sensación muy extraña que traté de quitarme acudiendo emocionado al estreno de "El enigma del escorpión de jade". Imposible llegar hasta el final, y creo que fue la primera vez que me ocurrió.



Algo tan simple como aquello, provocó el que Woody Allen pasara a convertirse en uno más del montón. Me había estado desilusionando bastante antes, con esa especie de "Remember Bergman" que se instaló en su cerebro y que le empujó a dirigir títulos como "Interiores", "Recuerdos" o "Septiembre". De vez en cuando, intercalaba entre esas profundidades títulos tan interesantes como "Zelig", "La rosa púrpura del Cairo" o "Hanna y sus hermanas", una soberbia comedia en la que nos damos el gustazo de contemplar una de las mejores interpretaciones de Michael Caine. Sin embargo, ni siquiera esas obras llegaban a alcanzar, a mi juicio, la esplendorosa genialidad de´los primeros títulos, desde "Bananas" hasta "La última noche de Boris Grushenko" pasando por joyas como "Toma el dinero y corre" y, sobre todo, una película que representó durante mucho tiempo, y representa todavía, uno de mis pilares del cine: "Sueños de un seductor".



Me cuesta describir la sensación que nos produjo esa película, de 1972, al grupo de amigos que la vimos, allá por 1976 o 1977, en un cine lleno de humo (creo que era el único de Madrid en el que se permitía fumar), cerca de la ribera del manzanares, que se llamaba cinestudio Griffit, con una h intercalada en algún lugar que no recuerdo y que, por tanto, he optado por eliminar. Solo el comienzo de la misma, con un Woody Allen alucinado mientras contempla por enésima vez el final de "Casablanca", película de la que conoce de memoria los diálogos, merece pasar por sí sola a los anales de la gran pantalla.



Vista hoy, podría pensarse que "Sueños de seductor" ha envejecido mal, y puede ser que así sea en lo que se refiere a ambientación, vestuario, formas de actuar... Pero sin embargo, mantiene intacta su carga vital, y podría constituir, incluso hoy en día, un decálogo del perfecto solitario que quiere dejar de serlo.


Resultan cómicos, patéticos, tristes, alegres y en muchas ocasiones compartidos por uno mismo, los desesperados intentos que hilvana el personaje interpretado por Woody Allen para caer bien a las mujeres. Resulta entrañable la inestimable complicidad de una guapísima Diane Keaton, que se preocupa tanto de la estabilidad emocional de su amigo, que termina enamorándose de el. A destacar también las esporádicas apariciones de la imponente figura de Bogart, vestido con la gabardina que lucía en Casablanca, que se desespera la mayoría de las veces ante la inoperancia, la timidez y la incapacidad amatoria de Allen.



Una gran película, en definitiva, tejida con unos mimbres de genialidad que ya despuntaban, aunque de una forma no tan clara, en títulos como "Bananas" o "Toma el dinero y corre", la patética historia, rodada en forma de documental, del incompetente delincuente Virgil Starkwell, personaje magistralmente interpretado también por Woody Allen. A través de entrevistas a sus padres, que aparecen en pantalla ridiculamente disfrazados con narices y gafas de broma, y a sus más allegados, se va desengranando una trayectoria vital que pasa de la mediocridad al más profundo patetismo. Un argumento que nos trae a la memoria en cierto modo la famosa frase de Groucho Marx: "Hemos alcanzado desde la nada las más altas cimas de la miseria".



Puede que a Woody Allen, un indiscutible genio, le perdiera en cierto modo su veneración a los genios, y me explico: no se puede imitar a Bergman sin caer en la pedantería, y jamás se puede, ni se podrá, tratar de imitar a Fellini, el inalcanzable, un indudable icono cinematográfico del que hablaré en una próxima entrada. Woody Allen se ha perdido en su propia genialidad. Puede que el reto, que considero pretencioso y ligeramente absurdo, de sacar una película por año, ayuda poco a recuperar la grandeza perdida. Puede también que la posibilidad de contar con inabarcables presupuestos para sus películas, los actores del momento y todos los medios a su alcance, coarten también la agudeza creativa que demostró en sus primeras películas, de presupuesto muy limitado pero más vivas.


No sé en realidad lo que me ocurre con Woody Allen, pero lo que sí puedo manifestar, completamente convencido, es que disfruté más con "El dormilón" que con "Match Point", y grito esto a los cuatro vientos, consciente de que pueden recaer sobre mi las iras de los admiradores incondicionales de este singular director, que sin duda lo es, pero más en sus comienzos que en la actualidad.



Uno de los motivos que me han inspirado esta entrada, ha sido sin duda la maravillosa acuarela de Carmen que la preside. Desde que me la envió, no he dejado de darle vueltas al tema. Carmen, te dedico, pues, estos comentarios. Creo incluso que hemos visto alguna película de Allen juntos, y no sé si estarás de acuerdo con mi visión. Me gustaría conocer vuestra opinión al respecto.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Antigua presentación y algunas cosas más


Una buena amiga me ha dicho que le gustaba más la presentación de mi antigua página, "El rincón de Félix", que la que utilicé al principio de este nuevo blog. Como soy consciente de la pereza que supone darse una vuelta por los vínculos de la izquierda, entre otras cosas porque yo soy el primero al que le cuesta hacerlo en los blogs de mis amigos, voy a explicaros un poco lo que se encierra tras esos links, y al final, como fin de fiesta, recuperaré la presentación a la que hacía mención Charo.

He colocado en primer lugar un enlace a otro blog en el que pienso colocar relatos de ficción escritos por mi, que se renovará a medida en que se me vayan ocurriendo nuevos relatos. No tengo pensado de momento colgar relatos antiguos, aunque todo podría ser, en función, sobre todo, de una sequía de imaginación que me obligara a echar mano de los incunables. En principio no quiero hacerlo porque no estoy seguro de que tengan una mínima calidad para que sean dignos de ser leidos.

Después he colocado enlaces directos a los blogs de mis amigos. Para conocer algo más de Charo, Lidia y Andrés, os invito a que pinchéis el enlace al "Antiguo rincón de Félix", y una vez en esa página, visiteis el enlace que aparece en portada. Lo digo porque allí si que dibujé una pequeña semblanza de estos amigos, muy interesantes y verdaderos expertos en el arte del blog, como ya habréis podido comprobar si los habeis visitado.

De Carmen, decir que no se trata de un blog literario ni cinematográfico, sino de acuarela, un difícil arte en el que esta mujer lleva metida un montón de años, lo que se nota de sobra en la altísima calidad de sus trabajos. Además de pintar, Carmen es una incansable viajera y una gran lectora, y si no se ha tirado todavía a la piscina de la escritura es porque la pintura la tiene absorbida, pero todo se andará, porque ganas y buenas ideas no le faltan.

El blog de Victor Hugo Escalante nos aporta una buena perspectiva de la situación actual en México. Con un estilo de redacción que roza y a veces supera la profesionalidad, Victor Hugo analiza diversos aspectos, desde un punto de vista ético y político, que no os dejará indiferentes. También se sumerge de lleno Víctor Hugo en diversos aspectos culturales de mucho interés.

El siguiente apartado corresponde a comentarios y críticas de películas. Aquí iré añadiendo poco a poco las que ya comenté en "El rincón de Félix", películas de toda la vida que de alguna manera marcaron mi línea de pensamiento, y que no he colocado aquí de momento debido a que mi intención es que este apartado esté dedicado a cine más o menos de actualidad. Con el tiempo (es decir, la próxima semana o la siguiente, que esto avanza rápido y de momento estoy de vacaciones), crearé un apartado de cine de siempre, cine con mayúsculas, cine para llorar o algo así, que es de lo que trataba la página. Publico las críticas en esa página, SHVOONG, porque al parecer tiene más difusión que un blog y porque, al parecer, si mucha gente lee la crítica y deja algún comentario, te pueden incluso pagar algo de pasta. De momento no he visto un duro, así que os invito a que os sumerjais de lleno en la lectura de aquellas películas que os puedan interesar, y si además dejais algún comentario que me indique lo que opinais de la crítica, o la línea en la que os gustaría que me moviera, ya sería la pera. En este sentido, también puedo comentar películas a la carta, las que querais (siempre que las haya visto, por supuesto). Se admiten peticiones del oyente, vaya.

En el apartado de enlaces personales he colocado el ya mencionado enlace a mi antigua página de cine, y un enlace puramente mercantilista que os llevará a la página en la que vendo un par de libros míos de ficción. Ahí está también, por si os interesa. Yo, como autor, deciros que algún día se convertirán en algo grande, y que también puede ser interesante comprarlos cuando el autor es todavía un perfecto desconocido. ¿Quien sabe si algún día esos libros se convertirán algún día en auténticos incunables?.

Nada más que deciros. Y ahora, cuelgo la presentación prometida. Va por ti, amiga Charo:
PRESENTACION DE "EL RINCON DE FELIX"

Pilar, mi mujer, piensa que en la vida no existen medias naranjas, ni medios kiwis, ni nada que se le parezca, sino personas individuales y autónomas que han decidido unirse, en un momento de su vida, por razones de afinidad, atracción física o enamoramiento, y que conservan, en cualquier caso, los comportamientos, aficiones y espacios vitales personales de cada uno. Esa es la razón del subtítulo de mi página, porque nunca me he sentido pareja o media naranja, sino un simple acompañante. Acompañante de Pilar, mi mujer, y acompañante de mi hijo, Sergio, el mago de los videojuegos, en esta maravillosa, gratificante y a veces complicada aventura que es la vida.
Básicamente, esta es una página de literatura y cine, o de cine y literatura, o de "culturilla", como dice alguien que conozco, que no considera gran cultura al cine. A veces mantenemos discusiones interminables sobre ese asunto, sin llegar a ninguna conclusión. Es imposible convencerle de que el cine puede resultar, casi tanto o a veces incluso más que la literatura, un forjador de líneas de pensamiento, de filosofías de vida, de comportamientos vitales. Espero que, cuando lea esta página, a lo cual me veré obligado, me temo, a forzarle, cambie de opinión.
La red está saturada de páginas en las que se pueden consultar críticas de las últimas novedades en lo que se refiere a cine y literatura. En ese sentido, muchas veces he echado en falta comentarios o reseñas de películas antiguas, o no tan antiguas, pero de las que nadie se acuerda, simplemente porque jamás se han editado en vídeo o dvd, o porque son de países que no relacionamos normalmente con el cine, y por lo tanto tampoco se pueden encontrar en videoclubs. También hay películas que sí que se han editado, pero que no han tenido la promoción que algunas veces se merecen. Ese es el vacío que voy a tratar de llenar en esta página.

En cuanto a la forma de hacerlo, he llegado a la conclusión, después de ver varios miles de películas (soy bastante mayor, lo reconozco), de que existen, por supuesto, grandes películas, pero para mi son más importantes las grandes escenas de buenas películas, y en ese sentido voy a centrar la mayor parte de mis comentarios.

¿Quien no ha llorado, por ejemplo, con la última escena de "Cinema Paradiso"?. Imposible no hacerlo.Una buena película, sin duda, pero tediosa y un poco empalagosa en ocasiones. Se salva de repente, y pasa a la categoría de leyenda, cuando el proyeccionista, magistralmente interpretado por el gran Philippe Noiret, le lega al protagonista todos los besos de película cortados por la censura, y el protagonista los ve. Estoy seguro de que a más de uno se os encoge el corazón al recordar esta escena. Resultaba patético, al verla en el cine, cuando acababa y se encendían las luces, porque además el simpático Giusseppe Tornatore colocó la escena justo al final. Resultaba patético, decía, ver al vecino de silla, un tiarrón de ciento veinte kilos con barba de dos días, llorando a moco tendido.

¿Y que decir de "La vida es bella", de Roberto Benigni?. Un canto al optimismo, a la alegría de vivir, en medio de uno de los episodios más trágicos de la humanidad. La frase del hijo de Guido, al final de la película, subido en aquel tanque que su padre le había prometido como premio al concurso en el que había convertido la horrible estancia en un campo de concentración nazi, pasará sin duda a la posteridad. "Ese fue el mejor regalo que me pudo hacer mi padre", dice cuando encuentra a su madre, y en ese momento, la lágrima se desborda. Sobre todo la de los que somos padres. Y también al final de la película. Hay que joderse. Cualquiera diría que se trata de un recurso del cine italiano para hacer que la gente que va a ver la película contemple llorar a los que la han visto antes.

No se trata, ni mucho menos, de buscar la lágrima fácil. He escogido, simplemente, dos escenas que me emocionaron en su momento y me emocionan todavía cuando las recuerdo, como me emocionan también otro tipo de escenas ya no tan sentimentales, pero que hacen referencia a valores que considero importantes, como la nobleza, la honestidad, el individualismo, la paz, el humor, el sufrimiento, el amor... O el miedo, porqué no decirlo.

Y una cosa lleva a la otra, como casi siempre suele suceder. Se empieza con el cine, o con la literatura, y se acaba, como en mi caso, sumergiéndose uno de lleno en la música, la pintura, la fotografía... Cualquiera de estas artes tiene su reflejo en el cine, y existe también una clara conexión entre el cine y la literatura, con libros que han sido llevados a la gran pantalla con más pena que gloria, y raramente al revés, aunque también sucede de vez en cuando ("Muerte en Venecia", por nombrar algún caso así, a bote pronto).

Todo tiene cabida en esta página. Voy a centrarme de momento en comentar películas y libros, para ir añadiendo, posteriormente y en función de las ganas que tenga y de la acogida que tenga este asunto, reseñas de música, tanto clásica como moderna, de viajes (la fotografía que encabeza esta presentación es del claustro de la iglesia de los jacobinos, en Toulouse, a donde he viajado con la familia este verano. Se trataba de presentar un rincón y me pareció la más adecuada), y si Pilar se anima, le prepararemos un rinconcito a ella, y nos podrá deleitar con sus estupendas recetas de cocina. ¿Que mejor opción para ver una película en el sofá de tu casa que la de acompañarla de una buena cena?.

Esto está empezando. Es probable que, cuando pincheis el link de la película elegida, os aparezca un mensaje en el que diga que la página todavía no existe. No os preocupeis. Poco a poco iré desarrollando más páginas y más comentarios de películas y libros. De momento he ido eligiendo unas cuantas para ir abriendo boca. A la izquierda teneis la lista con las películas comentadas hasta el momento. Si habeis conseguido llegar hasta aquí, es muy posible que os interese alguna.
Una lista completamente anárquica, ¿no os parece?. Clásicas mezcladas con modernas, dramas con ciencia ficción... Nuestras aficiones son anárquicas, así que, ¿porqué no puede serlo esta selección?.

He elegido once, pero podrían haber sido veinte, o cincuenta, o cien... Algo es algo, y de momento estoy empezando a experimentar con estos amigos de Google. Poco a poco iré añadiendo más.
Y ni que decir tiene que espero vuestros comentarios y sugerencias, así como las películas que hayais visto y que os hayan causado en algún momento de vuestra vida una emoción imborrable.