lunes, 8 de abril de 2024

TODOS MIS AYERES. AUTOBIOGRAFÍA DE EDWARD G ROBINSON

Triste, porque lo he terminado. Feliz, porque lo he vivido.

Creo que esta reflexión resume perfectamente lo que sentí anoche cuando leí la última frase, soberbia, de "Todos mis ayeres, una autobiografía", escrito por Leonard Spigelgass a través de los testimonios directos de Edward G Robinson, y traducido magistralmente por Ananda Segarra. Esa frase pertenece a un discurso del actor, un alegato final impresionante, que se lee manteniendo la emoción a flor de piel, en el que se refleja perfectamente su inmenso amor a la profesión, que para él era sin duda lo más importante de su vida.

Compré el libro a primeros de marzo. No sé si habéis visto "Chocolat", con ese alcalde puñetero interpretado por Alfred Molina, que mira de vez en cuando de reojo y con mirada golosa los pasteles expuestos en el local de Juliette Binoche, hasta que no puede más y se pega la gran comilona. Pues algo muy parecido me ocurrió a mí con "Todos mis ayeres". Lo puse en cola, después de un libro que me tenía que leer para un club de lectura, y de uno de Landero, el último, del que llevaba un par de capítulos. Cada noche, al dejar a Landero, veía a Edward, con esa mirada entre sonriente y displicente, con el puro en una mano, y la otra apoyada en una repisa sobre la que había un objeto de arte de los que tanto le gustaban. "Tienes que esperar un poco, amigo", le decía, y él afirmaba sonriendo. A la tercera noche ya no sonreía. Me chistaba, interrumpiendo mi lectura, y me decía con su voz peculiar "deja ese bodrio. Te estoy esperando". "No es un bodrio, es una joya". "Hasta que no te metas aquí no vas a saber lo que es una joya". Pasaron varios días, y al final, cuando llegó un momento en el que no me concentraba en el Landero, y me pareció que Edward estaba a punto de sacar una pistola de algún rincón de su elegante chaqueta roja, dejé lo que estaba leyendo y me zambullí de lleno en "Todos mis ayeres". Me ha pasado eso otras veces, que un libro se cruzara en mi camino y tuviera que dejar lo que fuera para ponerme con él, pero creo que nunca con tanta fuerza como con este. Tenía razón Edward en abroncarme, el libro es una joya.

Lo empecé el catorce de marzo, y lo terminé ayer. Han sido veinticinco días no sólo de lectura intensa, probablemente la más intensa que haya tenido nunca, sino de búsqueda, de análisis, de visionado de películas... Porque "Todos mis ayeres" no es sólo una autobiografía, un libro de memorias lleno de anécdotas jugosas, que también, pero no sólo eso. El libro refleja la trayectoria vital, el viaje lleno de altibajos, tragedias, éxitos y fracasos de una persona que, saliendo de una situación prácticamente en la miseria de su Rumanía natal, alcanzó la cumbre en los Estados Unidos.

Resulta imposible leer el libro sin indagar y buscar las innumerables referencias a obras de arte que contiene. El actor fue probablemente el coleccionista más importante de su país, y el libro nos relata esa faceta suya, sus incontenibles deseos de comprar cuando veía algo que le gustara, normalmente de la época impresionista, o el placer que sentía al colgar sus cuadros en su casa de Beverly Hills. Observando los cuadros que le atraían, desde las primeras referencias a obras que reflejaban esa Nueva York neblinosa y sombría que tanto le impresionó a su llegada desde Rumanía, creo haber detectado un gusto por lo melancólico, lo sobrio, colores discretos, una madurez en los temas que probablemente fuera fiel reflejo de su carácter. 

Hay que destacar también las continuas referencias a libros, a obras de teatro, a autores, a directores... También me ha resultado imposible no interrumpir la lectura de vez en cuando para ver alguna de las películas interpretadas por él, muchas de ellas desconocidas para mí, y todas ellas interesantes. 

Edward G Robinson era un actor, pero también era un coleccionista de arte, un mecenas, una persona comprometida con las causas que consideraba justas, muy generoso y empático, y me ha resultado una sorpresa muy agradable descubrir también que todo ello lo asimilaba y difundía con un sentido del humor muy especial. Resulta muy sencillo dejarse impregnar por su tremendo humanismo, procedente sin duda de la dureza de sus comienzos, y que le convirtieron en ese hombre del Renacimiento adaptado a la modernidad, e incluso muy adelantado a su tiempo.

Resulta sorprendente también su visión política, tan actual, tan aguda, tan comprometida con todo lo que pueda aliviar al ser humano. En este sentido ha resultado un gran placer leer todo lo relativo a la época de la caza de brujas, en la que debido a sus ideas políticas tuvo un especial protagonismo. Edward es capaz. con su forma de contar, de transmitirnos su tristeza, la decepción y el desasosiego que le produjo una situación absurda, fruto del miedo y de la sinrazón, que estuvo a punto de acabar con Hollywood por una perversa manipulación de las conciencias. No me resisto a copiar aquí unas frases suyas, llenas de impotencia, de razón y de dolor, que me han parecido además perfectamente extrapolables a la realidad actual:

"¿Cómo se atreven a sugerir que sólo los comunistas se preocupan por las víctimas de los nazis, por los negros, por los okies, por la discriminación, por Sacco y Vamzetti?... ¿Cómo se atreven a sugerir que preocuparse honestamente por la humanidad, es sinónimo de comunismo?".

El libro se lee de una manera cómoda, ligera, amena. La traducción de Ananda Segarra es perfecta, y aunque ella probablemente lo niegue, se trasluce al leer la pasión, pero sobre todo el amor que ha volcado en ella. Ananda también ha contribuido mucho a convertir en placer la lectura, al compartir en redes su entusiasmo por el actor, colgando fotografías, vídeos,  anécdotas, y hasta una curiosa publicidad relacionada con la última película protagonizada por Edward. Ha sido un placer, y seguirá siéndolo sin duda, ampliar el inmenso legado que ya de por sí nos proporciona el libro, con las generosas y continuas aportaciones de Ananda.

Al principio dije que lo había cerrado, pero no, creo que me he equivocado, porque "Todos mis ayeres" es uno de esos libros, pocos, que pasan a formar parte de nuestro bagaje, de nuestra mochila de vida, que permanecen y van a permanecer para siempre abiertos en nuestro corazón.