viernes, 30 de octubre de 2026

DESIDIA

Lo jodido de todo esto es que no se les preste la voz a los muertos, porque son ellos los que deberían hablar, y gritar, y llorar, pero es imposible, porque los muertos no hablan.

Por el contrario, y desde casi el primer momento, se les da voz a personas y personajes que, aunque sólo fuera por narices (porque decirles que "por respeto" o "por ética" no sirve de nada. No saben lo que significan esas palabras) deberían callar. Antiguos cantantes reconvertidos en payasos, seres infames mal llamados "políticos", a los que las tajadas que más atraen son las que más sangre contienen, buitres carroñeros mal llamados "periodistas" especialistas en hacer sangre de la sangre derramada, técnicos y especialistas "a posteriori", que "sabían que iba a pasar" pero no han hecho jamás nada por evitarlo... La fauna vocera se pone en marcha apenas unos minutos después del accidente. Se exigen responsabilidades, se señalan culpables de manera inmediata, se expulsa la rabia que cada uno tenga, se comparan estos muertos con otros muertos de otros accidentes, y mientras tanto, los muertos, los únicos a los que deberíamos escuchar, y velar, y llorar, siguen callados.

No es una cuestión política, por mucho que nos hayamos empeñado desde hace tiempo en politizarlo todo. La clase política actual no es capaz de resolver nada que no sean sus propios intereses particulares, no nos engañemos. Tampoco se trata de una cuestión técnica. Estamos sobradamente preparados (o deberíamos estarlo) para resolver cualquier problema de este tipo. No, no se trata de eso. Lo que en este país está produciendo y va a producir más muertos en el futuro es otra cosa, un cáncer que está destruyendo nuestra sociedad desde hace siglos: la DESIDIA.

A ver, seamos claros: todos, en nuestros círculos más íntimos (trabajo, familia, amistades, comunidad de vecinos...) conocemos circunstancias que no deberían ser así (corrupciones, estafas, abusos, malversación...), y que sin embargo asumimos como normales, porque "la gente es así", "el que no corre vuela", "a río revuelto...", "no me quiero meter en líos" etcétera. Sabemos que nuestra empresa está estafando a Hacienda, por ejemplo, o está contratando ilegales, o fabrica algo con algún componente tóxico, y callamos, sobre todo por el miedo a perder nuestro trabajo. Sabemos que nuestro superior se va de putas con dinero de la empresa, y callamos, por lo mismo. Sabemos que nuestra vecina finge una discapacidad y cobra religiosamente una pensión, y callamos, en este caso simplemente "por no meternos en líos". Hemos asumido, sin que sepamos muy bien cómo, el callar, el tolerar cosas que no se deberían tolerar. 

Lo jodido surge cuando esas cosas que callamos provocan muertos.

Leo que SEMAF, el sindicato de maquinistas, dice "trabajamos con sistemas degradados", refiriéndose al sistema LZB, que al parecer ya debería haber sido sustituido por el ERTMS 2, más moderno y eficaz. Leo que la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) advirtió en un informe de 2024 de la posibilidad de accidente cuando la circulación depende sólo de la comprobación visual. Leo que los sindicatos critican las duras condiciones de trabajo y la continua rotación en el epicentro de la gestión de la alta velocidad de Adif en Atocha (CRC). Falta de personal, fuerte presión, falta de experiencia de una plantilla que tiene el mismo número de personas desde 2019, antes de la liberalización del transporte ferroviario. Aumenta el número de trenes, aumenta la presión por llegar a la hora en punto, pero no aumentan los puestos de trabajo para gestionar una red cada vez más compleja. Y ahí es precisamente donde entra la desidia de la que hablo. Los sindicatos se quejan, los técnicos se quejan, pero nadie hace nada. Leo también que poco a poco se ha ido sustituyendo una cúpula de técnicos por una cúpula política. Dinero había, seguro, pero posiblemente se haya diluido en casas de putas o en mariscadas pantagruélicas, y seguramente todos los del entorno correspondiente lo sepan, como yo sé que la amiga de mi vecina estafa a la Seguridad Social.

Todo el mundo sabe todo lo que ocurre en su entorno, pero todo el mundo calla. La desidia provoca una clase política en la que reina la desidia. La desidia provoca que dejemos que las empresas contraten personal cada vez menos cualificado y con menos sueldo, para ejercer trabajos cada vez más complejos. Es la desidia la que provoca que callemos ante abusos contra colectivos, ante la pérdida de los derechos conseguidos, ante atentados directos contra los derechos humanos en todo el mundo. La desidia provoca muertos, y eso es algo que ninguna sociedad puede consentir.

Creo que me he equivocado con el comienzo de esta entrada. Sí que tienen voz los muertos. Una voz potente, intensa, sincera, que nos dice a los que permanecemos aquí que somos nosotros los que en realidad estamos muertos, los que nos hemos dejado asesinar por la desidia.