No hay nada peor en estos tiempos que dejarse llevar por la marea de noticias políticas, dadas de forma exagerada, y muchas veces tergiversada, por unos medios que parece que lo único que buscan no es ya la audiencia, sino el enfrentamiento de la población que los mira en la televisión, o los lee en los periódicos, contra la población que mira o lee los medios de signo político contrario. ¿Y qué es una noticia política? Cualquiera, porque todo, absolutamente todo, se está politizando de una manera que en España resulta perversa, vergonzosa y peligrosa, porque los dos polos opuestos, las dos Españas, cada vez tienen más claro que la única forma de convivencia posible es la aniquilación de las ideas y de las propuestas del contrario, cuando no de la aniquilación física, como se puede comprobar en las redes sociales y en las conversaciones familiares.
Se habla en estos días de la Educación, y en concreto del
pin parental que VOX ha propuesto en Murcia. Supongo que a estas alturas todo
el mundo sabe en qué consiste ese pin parental, pero por si acaso, haré un
pequeño resumen: VOX quiere que los padres puedan autorizar a sus hijos a
asistir a los cursos o charlas que organicen los colegios públicos. Así de
sencillo, así de simple. Si yo, como padre, no quiero que mi hijo asista a una
charla sobre educación sexual o identidad de género, o lo que sea, mi hijo no
asiste, y punto. A esta propuesta contesta PSOE que no se puede, que es ilegal,
que los hijos no son propiedad de los padres y que pueden tomar la decisión de
asistir o no a esas charlas por su cuenta.
Y ya está el pollo montado.
Que si los hijos son del Estado, que si queremos imitar a
Cuba, VOX dice que va a dar clases de caza en Andalucía, en Twitter te ponen el
video de “Manolo, cómeme el coño” (sí, hay un video de una performer con ese
tema, se puede buscar en Internet) diciendo que lo están enseñando en los
colegios, personajes famosos como Jose Manuel Soto dice a sus miles de
seguidores que en los colegios están enseñando a los niños a masturbarse,
cuando lo cierto es que se trataba de un cursillo que se estaba dando en un bar
de copas de Torremolinos (pagado con dinero público, eso sí…), que si un padre
homófobo no puede tener la potestad de dejar asistir a su hijo/a a una charla
sobre igualdad, que si tú dices eso porque no tienes hijos, que yo como padre
religioso no puedo permitir que mi hijo vaya a una charla sobre ateísmo, que yo
como padre anarquista no puedo permitir que mi hijo vaya a clases de religión…
El circo de cinco pistas ha comenzado de nuevo su función, con discusiones que
no llevan a nada más que a insultar, vejar, escupir y tratar de acabar con el
contrario, como siempre. Ayer la Rosell comenta en broma que habría que aplicar
el 155 a Murcia y se monta otro festival. Pero la pérdida del sentido del humor
y de la cordura es otro tema que posiblemente trate en otra entrada.
Y yo me pregunto: ¿alguien se ha puesto a pensar en la
educación en sí, en lo que está ocurriendo en este país con respecto a esta
materia?

Entonces, ¿a qué viene tratar de controlar los contenidos
que les puedan enseñar en el colegio? ¿No resulta un poco, o muy hipócrita,
intervenir en algo, que es la educación, en lo que jamás han intervenido los
padres? ¿No resulta muy triste y muy patético ahora rasgarse las vestiduras,
cuando la educación de nuestros hijos no nos ha importado absolutamente nada
hasta ahora? Todos los gobiernos, desde Felipe González hasta hoy, han estado
cagándose literalmente en la educación, con leyes cada vez más permisivas, más
creadoras de un entorno en el que aprobar iba costando cada vez menos. Hoy en
día la educación no es más que cumplir un expediente, llegar incluso a tener
estudios universitarios sin apenas esfuerzo. La cultura del sacrificio personal ni sirve ni se fomenta absolutamente nada hoy en día. Los profesores han ido perdiendo
importancia, protagonismo y respeto, porque a nadie le importa la educación de
unos hijos que, en su mayor parte, lo único que desean es que les cojan en un
casting de Gran Hermano o en el consejo de administración de la empresa de papá o de un amigo. Esa es la realidad, y quien lo niegue miente como un
bellaco. La única educación válida, que no se da ni en colegios públicos ni en
colegios privados, sería la que formara a la persona en su propia identidad, la
que impulsara la capacidad de cada uno de pensar por su cuenta, y de elegir los
valores que mejor considere para desarrollar su vida. La que proporcionara herramientas y recursos para el desarrollo personal. No las de sus padres, si
son tendenciosos en uno u otro sentido, ni las del colegio, sino las propias.
Pero esto no es así.
Vemos con tristeza que los hijos de testigos de Jehová
pueden perder incluso la vida por una creencia de sus padres, padres
ultrareligiosos que no permitirían jamás que sus hijos no se casaran por la
iglesia o que abortaran, padres independentistas que disfrazan a sus hijos con una estelada y
le graban gritando “puta España” para colgarlo después en Twitter. ¿Es lógico que
ese tipo de padre pueda vetar las charlas a las que pueda asistir su hijo?
La contestación más sensata a toda esta polémica, a mi
parecer absurda, la ha dado en Twitter una profesora, con mucho sentido del
humor pero también con cierto desencanto: “No somos capaces de hacerles a los
alumnos poner un acento en su sitio, y vamos a ser capaces de hacer que se
masturben…”.